Desde China, el ingeniero asegura que conocer de cerca las brechas educativas cambió su visión profesional y le permitió comprender los desafíos que enfrentan miles de jóvenes en Chile.
Felipe Merino es profesor de Matemáticas y jefe de departamento de la Escuela Internacional Shanghái American School en China, uno de los establecimientos más prestigiosos del país.
Pero antes de dar ese salto profesional, estudió ingeniería en la Universidad Técnico Federico Santa María y se tituló en 2010. En su paso por la universidad, Felipe fue testigo del valor de la educación gracias al programa Calcuta UC, donde hacía clases a reclusos de la penitenciaría de Santiago. “Fue ahí donde conocí el poder transformativo de la educación, que no discrimina, que no tiene prejuicios de nadie, simplemente es un valor en sí mismo el querer educar, formar, enseñar y ser mejor”, asegura.

Pero el punto de inflexión llegó poco después, cuando se unió al Programa de Liderazgo Enseña Chile. Conoció la fundación en una feria universitaria, cuando ya se había dado cuenta de que no quería trabajar como ingeniero, sino como educador. “Estudié Ingeniería básicamente por tradición y porque me dio el puntaje, todas esas cosas que al principio no están conectadas a un propósito. La educación me dio un propósito más grande, en el cual yo me sentía motivado, entusiasmado”, asegura.
Hizo clases en 2011 y 2012 en el Colegio Bicentenario San Esteban Mártir de Lo Barnechea, Región Metropolitana. En la sala de clases, Felipe fue testigo de la brecha de aprendizaje que había en Chile. Veía cómo poco a poco sus estudiantes tomaban distintos caminos, como se veían obligados a trabajar y a ser padres y madres de familia a temprana edad. “Era la expectativa normal, no tenían otra opción. Era triste, porque había potencial, tenía estudiantes que eran brillantes. En casos más extremos, algunos se perdieron en la droga y el tráfico”, relata.
A pesar de ello, el obstáculo más importante que enfrentó Felipe tenía que ver con el contexto en el que se insertaban sus estudiantes. “El desafío era básicamente pelear contra la corriente, contra las drogas, contra el tráfico. Me tocó hacer clase en un colegio con alta vulnerabilidad, pero también con hartos problemas sociales en el barrio”. Aun así, no todo estaba perdido. Aunque no eran mayoría, cuenta que algunos de sus estudiantes sí lograron salir adelante y uno de sus mayores orgullos es que mantiene contacto con todos sus estudiantes a más de 10 años de haber terminado el programa.

Si le preguntan cómo impacta en la formación profesional participar del programa Enseña Chile, Felipe asegura que “te lleva a entender la situación desde adentro. Todo el mundo habla de educación, pero poca gente entiende lo que pasa en la sala de clases. Esta experiencia te hace entender cómo se vive el problema todos los días”, manifiesta.
Aunque se había propuesto volver a trabajar como ingeniero luego del programa de liderazgo, algo lo detuvo. “Trabajé en un banco un año y dije ‘no puedo estar acá, lo mío está en la sala de clases’”.
Hoy, al otro lado del mundo, Felipe reconoce que haber sido profesor de Enseña Chile forjó su carácter y definió al educador que es hoy: “Yo conecto con los estudiantes de una manera distinta a lo que hacen mis colegas. Ahora estoy en un colegio en el que todos los niños quieren aprender y sacar su máximo potencial, pero aun así hay formas y formas de conectar, de entregar enseñanza e instrucción”.

Finalmente, Felipe asegura que su sueño es volver a Chile y aplicar todo lo que ha aprendido al servicio de la educación pública, a la vez que hace un llamado a jóvenes profesionales que se preguntan qué hacer con su futuro: “Todo profesional de la educación o quien quiera trabajar en educación, dentro o fuera de la sala de clases, tiene que pasar por una experiencia así”.
Última modificación: agosto 18, 2026