La ingeniera se sumó a Enseña Chile a solo dos días del cierre de postulaciones y hoy busca que sus estudiantes aprendan a soñar.
Montserrat Abud tiene 31 años, es curicana e ingeniera comercial de la Universidad Adolfo Ibáñez. Desde antes de egresar, ya había decidido abocar su trabajo a la sustentabilidad y a los proyectos sociales: “Todas mis prácticas fueron en fundaciones, una de ellas fue en una ONG en la India, y después, cuando salí, trabajé en gestión de residuos domiciliarios y también a nivel empresarial”.
Aun así, Montserrat sentía que tenía algo más por hacer. Y de repente, internet le dio una respuesta a esa sensación. “Postulaciones abiertas al programa Enseña Chile”, se leía en una publicación en redes sociales. “Esto reúne todo lo que estoy buscando ahora”, pensó, y postuló al programa cuando faltaban solo dos días para el cierre de la convocatoria.

Actualmente, Montserrat es parte de la generación 2026 del Programa de Liderazgo de la fundación. Al principio fue muy desafiante, sostiene, porque era un rubro completamente nuevo para ella. “La sala de clases te desafía constantemente a ser flexible y adaptarte a distintas situaciones”, comenta.
En ese proceso, conectar con sus estudiantes fue fundamental. La ingeniera asegura que conocer sus dinámicas y entender sus necesidades le permitió ir encontrando la forma de acompañarlos y, al mismo tiempo, sentirse cada vez más cómoda en el aula. “Todo este proceso me permitió descubrir lo mucho que disfruto enseñar, una vocación que probablemente nunca habría conocido si no me hubiera atrevido a dar este paso”, declara.
A pesar de la intensidad del trabajo, Montserrat vuelve siempre feliz a su casa. “Aunque haya muchos desafíos durante el día, como planificar, organizar los tiempos, situaciones de estrés, o cosas que no funcionan, llega el momento en que logras vincular con el alumno y eso ya hace que el día haya sido bacán”, asevera.
Pero para que su aventura sea todo un éxito, Montserrat necesita apoyo constante. Afortunadamente, lo ha conseguido tanto de los mismos estudiantes como también de sus pares. “Ha sido muy rico conocer a los peCh, sus vivencias, ayudarnos mutuamente. Y también poder vincular con los mismos estudiantes, que empiezan a contarte sus cosas. Empiezas a generar un vínculo importante”, comenta.
Uno de los principales desafíos que Montserrat observa en sus estudiantes es la motivación. La ingeniera afirma que a muchos todavía les cuesta visualizar un propósito. “Cuando no existe algo que los movilice, es más difícil encontrar razones para esforzarse y comprometerse con su aprendizaje”, manifiesta.


En ese sentido, al consultarle sobre lo que espera de este nuevo capítulo en su vida, Montserrat afirma: “Me encantaría poder lograr que mis estudiantes se motiven, que puedan soñar, que puedan construir su vida desde el aula. Si bien yo soy profe de matemáticas, creo que también puedo generar un impacto que va más allá de pasar la materia. Y ese es el desafío más grande al que ahora me enfrento”.
Finalmente, la ingeniera releva la importancia y el impacto de sumarse al programa: “Esta experiencia te permite comprender cómo el contexto en que crecen y se desarrollan los estudiantes influye en sus oportunidades y desafíos”. Pero no solo eso. “No solo te permite entender la educación desde otra perspectiva, sino también preguntarte qué rol quieres tener y cuál quieres que sea tu aporte en la sociedad”, concluye.
Última modificación: septiembre 4, 2026