Cuanto más lejos de Santiago, mayor el impacto. Esa es la lógica que llevó a Sofía Kresse, Ingeniera Civil Industrial, a dejar la capital para convertirse en profesora en Chiloé.
Sofía Kresse tiene 23 años y acaba de titularse como Ingeniera Civil Industrial de la UAI. Aunque podría quedarse en la capital para aprovechar las oportunidades que la ciudad ofrece, eligió otro camino. Este año se sumó a la generación 2026 del Programa de Liderazgo de Enseña Chile y dejó Santiago para hacer clases en Ancud, Chiloé. Sin embargo, no lo vive como un sacrificio, sino como la consecuencia lógica de sus convicciones.

“Siempre he estado convencida de que ‘la cabeza piensa donde los pies pisan’. Me gustó que el programa aceptara a más profesionales, no solo de pedagogía, y que fueran dos años. Me gustó la idea de que se pudiera generar un impacto real en los estudiantes. Me quería ir, porque siento que en Santiago hay más oportunidades que en regiones, por ende, el impacto podía ser mayor allá”.
Hoy Sofía hace clases de matemática en el Colegio San Juan de Ancud y es clara sobre lo que espera lograr con sus estudiantes en los dos años del programa: “Quiero potenciarlos. Deseo que sea un trabajo mutuo, y que puedan soñar. Me gustaría que vieran que sus sueños no se limitan a lo que viven, a lo que ven el día a día. Espero que puedan tener opciones de sueños, no el sueño que les está dado debido a su origen”.

Acerca de las dificultades a las que se enfrentan los estudiantes, Sofía comenta que las más comunes tienen que ver con que la mayoría no tiene supervisión de estudio en casa, porque les toca asumir roles que no corresponden a su edad. “Muchos cuidan a sus hermanos más pequeños, se encargan de las tareas de la casa como adultos o tienen que acompañar a sus papás a trabajar para no quedarse solos. Convivir con esa carga y esa falta de redes, sumado a las brechas académicas que arrastran y la adolescencia, hace que todo sea el doble de difícil para ellos”, sostiene.
La experiencia en sí misma, afirma Sofía, ha sido desafiante, pero no por ello pierde la motivación. “La resiliencia, el cariño, el agradecimiento y la empatía son el motor que me permite sacar a flote las ganas y los ánimos para seguir entregándolo todo”, comenta.
Otra de las razones que hacen que la experiencia de Sofía sea más llevadera tiene que ver con que Enseña Chile ha estado presente en cada paso que ha dado. “El acompañamiento es muy bueno. Están siempre pendientes. Me siento súper acompañada. Estuvieron pendientes de mi postulación y de cómo me iba en las entrevistas. Ha sido muy bacán por ese lado”, asegura la joven.

Al hacer la invitación a que más personas se sumen al programa, Sofía quiere dejar algo en claro: “Si bien es una experiencia bonita, que tiene el lado entretenido de la clase, del juego y de los niños, también tiene el lado exigente de la parte administrativa y la parte un poco desconocida, que viene a ser lo que está más allá de lo académico. No es una pega fácil, no es sólo lo que se ve, sino que hay mucho trabajo por detrás”.
Sin embargo, Sofía no espera mucho para revelar cómo hacer de esta una experiencia más satisfactoria: “Las personas que he conocido en este proceso han hecho que esta experiencia sea más llevadera, bonita y enriquecedora para mí. Así que, si bien es como un salto al vacío, donde no sabes en qué lugar estás cayendo, sí sabes que vas con un paracaídas: más gente al lado”.
Última modificación: junio 16, 2026